Popotlálocs

POPOTLALOCS

por Martín Borboa

Para Alfonso Gómez López, mi tío que me enseñó a nadar.


PARTE 1: BIOMORFOSIS RITUAL O NAHUALISMO


Seguramente has escuchado hablar de Coyoacán, o hasta has visitado ese lugar. Su nombre significa en náhuatl: “lugar de coyotes”, pero no es porque hubiera estado alguna vez poblado de manera abundante por estos animales. La existencia numerosa de coyotes en ese lugar, proviene del dios principal del grupo que lo habitaba, ese dios se llama Tezcatlipoca; y tenía como nahual (o nagual) al coyote.

Nahual es algo así como un elemento par, un amigo íntimo que te protege y hasta te permite convertirte en él, o al menos adoptar su aspecto. Tezcatlipoca tomaba la forma de un coyote y así se presentaba ocasionalmente ante sus fieles adoradores; y ellos para tenerlo presente, hicieron muchas figuras de coyote en piedra tallada para colocarlas en sus casas.

La transformación temporal de un dios en forma animal, es una de muchas formas en que se da el nahualismo (que asociaciones o transformaciones entre un ser humano o divino y un animal o fuerza natural con fines positivos o negativos).

Los humanos lo logran por un poder otorgado por un dios, bueno o malo. No todas las metamorfosis son nahualismo, las hay por castigo, como la que aplicó el dios Zeus al rey Licaón al convertirlo en lobo, cuando éste le ofendió al ofrecerle carne humana en un banquete.

No sólo los humanos aprovechan esa transformación en animales o fuerzas naturales, también los mismos dioses lo hacen para acercarse a la humanidad. Por ejemplo, Quetzalcóatl se transformó en hormiga para ir por granos de maíz a Atzcapotzalco y brindarle comida al hombre, o Huitzilopochtli que se presentaba como colibrí para guiar a sus peregrinos desde Aztlán hacia donde debían fundar la ciudad imperial para adorarlo.

Hay muchos ejemplos de dioses convertidos o asociados temporalmente con animales o fuerzas naturales en diferentes culturas; como la maya, la mexica, incluso la griega o la egipcia. El nahualismo es una biomorfosis ritual, es un diálogo entre lo divino y lo terrenal, es un obsequio de facultades temporales que brindan los dioses buenos o malos a sus seguidores.


PARTE 2: ORIGEN

Pero es muy importante aclarar que no siempre fue así. Al inicio, en la primera relación entre dioses y humanos, no existía el nahualismo, no era necesario, esto tuvo un origen. El inicio de las relaciones entre humanos y dioses fue exactamente como el primer amor que tenemos en nuestra infancia; ingenuo, inmenso, se cree que será eterno, que nada podrá dañarlo, porque en nuestro corazón y en nuestro espíritu sólo cabe el gozo y el anhelo de ese bienestar.

No hacen falta recursos temporales ni estrategias periódicas, y mucho menos hace falta convertirse en animal o en vapor. Exactamente así fue la primera armonía establecida entre dioses y hombres.

Se calculaba eterna, feliz, irrompible, y esa primera argolla que hacía tan noble y dulce unión se expone aquí a los lectores; así como su decadencia, su ocaso y lo que quedó de ella, que es justamente el recurso del nahualismo.

Al inicio hubo un gran grupo de seres conocidos como Popotlálocs, provienen de la primera alianza que hizo Dios con el hombre, citada en el Génesis, que explica textualmente que: habiendo llegado a un acuerdo de protección y obediencia, se uniría la tierra con el cielo a través de un arco iris.
Lo mismo se detalla en la mitología griega sobre la diosa Iris: que instalaba su gigantesco arco, y usando su vestido multicolor, se desplazaba llevando las buenas noticias de los dioses por todo el mundo, a los primeros fieles humanos. En este tiempo comenzaban a florecer las diferentes culturas madre de los continentes, la china y la hindú en Asia, la fenicia en Medio Oriente, la egipcia en África, y la olmeca en América, entre otras, casi todas ellas en torno a ríos, en regiones templadas del planeta.

Quedan muy pocos vestigios de los numerosos Popotlálocs. Eran unos seres enormes, como ángeles con trompa muy similares en rasgos a los que hoy distinguimos en los elefantes, que bajaron del cielo para beber las dulces aguas del mundo, y con la fuerza de sus dos pulmones arrojar el agua a través de su trompa, para provocar una lluvia artificial que combinada con los rayos del sol generaba el efecto prismático del arco iris, para regocijo humano y divino. En la India se les relacionó con el dios Ganesha, patrono de las artes y las ciencias, removedor de obstáculos y simbolo de abundancia.

Estos grandes personajes trompados tenían la piel grisácea y grandes orejas con las cuales se refrescaban abanicándose. Su imponente imagen redonda y alta, con patas grandes y cilíndricas como de tronco, se neutralizaba con su carácter noble, inteligente y afectuoso.
Gustaban de meterse a los lagos, lagunas y ríos; ahí bebían el agua que luego expulsaban por su trompa, usándola como una potente manguera, arrojando al cielo millones de gotas dando forma a inmensos arco iris que podían ser vistos a gran distancia.
Esa lluvia la dirigían a los sembradíos o a los divertidos grupos de pobladores para refrescarlos del calor.
Los charcos que quedaban después de la lluvia angelical, los aprovechaban los pobladores como espejos místicos de carácter adivinatorio, valiéndose del nítido reflejo del cielo a sus pies para pretender mirar algo sobre su destino. Las bodas se realizaban al lado de estos charcos que consideraban sagrados para bendecir su matrimonio.

Este tipo de ángel elefántico generador del arco iris, estuvo presente entre los hombres de las mencionadas culturas. En el actual territorio mexicano fueron principalmente los olmecas quienes presenciaron tan prodigiosa maravilla de la creación.


PARTE 3: CLIMAX

Fue tan positiva la respuesta de los humanos ante los Popotlálocs, que la función bombeante y expulsora de agua de estos ángeles tuvo mutaciones corporales provocadas por la divinidad que mejoraron su desempeño generador de lluvia.
Originalmente bebían agua y la sacaban por la trompa, pero la necesidad de respirar no les permitía mantener un flujo continuo, pues debía entrar aire por la boca o nariz, y solo podían usar los dos pulmones en una dirección: inhalar o exhalar.

Un poder sagrado les concedió dos adaptaciones:
La primera fue tener el doble de pulmones (dos para inhalar y dos más para exhalar al mismo tiempo) lo cual los hizo lucir más gordos, más redondos, y con ello, más simpáticos y más tiernos.
La segunda fue que les crecieran unos blancos colmillos de marfil que tenían al centro un orificio tubular. Dicho orificio del colmillo les permitía respirar sin problemas, mientras la trompa expulsaba agua con fuerza manteniendo un flujo constante.

Toda la inventiva celestial estuvo enfocada a los angelicales promotores de la alianza entre la divinidad y la humanidad, que formaban ahora arcos iris aun más altos, más bellos, más duraderos, como un constante y colorido anuncio celestial. Las pocas palabras que estos seres expresaban cuando descansaban de su función irrigadora, era para decir que los rostros humanos les parecían muy bellos, muy estéticos, expresivos, y que lo que ellos más quisieran era tener un rostro así: “Dos ojos frontales (no laterales) para admirar al ser amado, dos orificios nasales para oler su perfume, y una boca de doble función que besa y canta”.

Eran unos seres románticos, con suspiros e ilusiones, tal como era también esa primera alianza entre dioses y hombres, fundada en una base que se creía eterna, indestructible, así como se calcula el amor cuando aparece por primera vez.


PARTE 4: DECADENCIA

Con tristeza hay que decir que estos seres angelicales de características elefanticas desaparecieron cuando la humanidad rompió la alianza con lo sagrado, desobedeció reglas, retó la autoridad y forzó los límites de la paciencia divina. Esto lo fue haciendo una cultura tras otra, no al mismo tiempo, pero si en un periodo similar de la cronología humana. Los olmecas, la cultura madre en nuestro territorio, no fueron la excepción.

Una vez rota la alianza con lo sagrado, nuevas amenazas cayeron sobre las personas, lastimosas cargas les fueron impuestas, y el castigo les recordaría su lugar en la creación y el plan divino.
Como consecuencia de la ruptura, poco a poco fueron muriendo estos regordetes elefantes rociadores, pero aun en sus últimos alientos, sus palabras nunca dejaron de expresar su deseo de tener un rostro tan bello como el de sus admirados seres humanos, y de conmoverse con las delicadas y potentes posibilidades del amor.


PARTE 5: TRIBUTO COLOSAL

La duración de la presencia de estos seres puede calcularse paralela al auge olmeca en las regiones de Veracruz y Tabasco. Esta cultura supo que al traicionar el pacto con lo sagrado, ese periodo de gozo había terminado, pero conservó los grises cadáveres de varios de estos seres divinos.

Los difuntos cuerpos se endurecieron, posiblemente debido a todas las sustancias calcáreas y minerales que absorbieron mientras bebían agua de diferentes procedencias, esas partículas petrificaron los restos de estos ángeles redondos y grises, y al final quedaron inmensas bolas opacas de varias toneladas de peso.

Los olmecas hicieron un último tributo para perpetuar la noble y grandiosa existencia de esos místicos hacedores de lluvia, y aprovechando el duro cuerpo de sus colosales cadáveres, esculpieron en ellos diferentes rostros y así dieron forma a lo que hoy conocemos como Cabezas olmecas.


PARTE 6: TRISTEZA

En la decadencia del acuerdo celestial y terrenal, sumidos en el dolor y la tristeza, en el desengaño de la ingenuidad traicionada, el día perdió su color y los olmecas su alegría, a tal grado que quisieron olvidar la luz del sol que generaba el colorido iris, se volvieron nocturnos, trataron de reinventarse y comenzaron a adorar al jaguar, animal cuyas manchas en la piel representan las estrellas.

Pero este intento por reemplazar el arco iris con estrellas sólo fue un paliativo deprimente. Su afán artístico decayó, su progreso se detuvo; y al final, tristes y fallidos, abandonaron sus centros ceremoniales y sus casas. Dieron por terminada su gloria y prefirieron ir en diferentes direcciones del territorio.

Aprendieron nuevas lenguas y olvidaron la suya propia. Diluyeron su propia cultura al adherirse a otros grupos y por eso hasta la fecha no sabemos mucho sobre su lenguaje o costumbres originales. Sin embargo, dejaron hechas las colosales cabezas labradas en los sólidos restos mortales de aquellos entrompados ángeles.


PARTE 7: ROSTROS DE DIOSES

A las nacientes culturas en las que los dispersos olmecas fueron integrándose, les contaron sus fantásticas experiencias con aquellos grises ángeles divinos, y esos receptores del relato como los mayas, interpretaron en esos elefantes sagrados a su dios Chac, deidad de la lluvia, hacedor de tormentas, formador del arco iris. Por eso su cara se distingue en las ruinas arqueológicas, precisamente por su gran trompa formada como letra J.

Esta cualidad es menos notoria en Tláloc, quen en el altiplano es el dios prehispánico de la lluvia, que tiene con frecuencia en las representaciones esculpidas o pintadas, dos argollas en los ojos y una nariz trenzada, a veces con aspecto de serpiente entrelazada. Esa serpiente como nariz es precisamente la trompa que estos ángeles elefánticos tenían, y esas ojeras son la piel que, incluso hoy, podemos ver un poco abultada y ennegrecida en los rostros de los paquidermos.

Aún más, la figura del dios Tláloc que está fuera del Museo Nacional de Antropología, no solo tiene un aspecto robusto, alto y grueso como elefante, sino que tiene alrededor de su boca varios orificios circulares en donde se encajaban colmillos de adorno realista. Esos colmillos blancos, dicen los arqueólogos, son la imagen plástica y artística de la lluvia que cae.


PARTE 8: POPOTLA

Los relatos de los olmecas errantes influyeron también entre poblados acuáticos precortesianos del valle de México, en el Anáhuac (de Atl = “agua” y nahuac = “rodeado de”), particularmente entre los habitantes de un sitio portuario cercano a Tacuba. Maravillados con lo relacionado a los largos colmillos que utilizaban aquellos ángeles como vías de respiración (equivalentes a un moderno snorkel), adoptaron dichos colmillos o simulación de ellos, como símbolo de aquellos seres, y de esa forma, adornaron sus casas con finas representaciones de colmillos, colgaron de sus cuellos u orejas miniaturas de dichos tubos de respiración a manera de joyería, y ganaron para su territorio el nombre de Popotla, que del náhuatl Popotlan significa “lugar de popotes”, “entre popotes” o “donde abundan los popotes”.

Usando estos popotes, este pueblo fue de grandes nadadores, más tarde insuperables buceadores, y su ubicación en la ribera del gran lago, les permitía zambullirse en el agua recolectando piedras, objetos y pesca del fondo, permaneciendo bajo el agua largos periodos gracias al aprovechamiento de los tubos de respiración como los colmillos de los graciosos y simpáticos ángeles orejudos.

Se afirma que tras ser derrotado por el tlatoani Cuitláhuac, el conquistador Hernán Cortés lloró en el viejo Ahuehuete de Popotla, pero no se tiene conocimiento de este hecho porque lo relaten los españoles en sus crónicas, sino porque los ágiles buceadores del lugar pudieron acercarse a él en calidad de espías sumergidos, gracias a que podían nadar bajo el agua usando sus tubos respiradores.

Como un dato adicional es conveniente mencionar en esta parte del relato que aun hoy en día, Popotla hace un especial homenaje al agua, y en altas referencias, pues aunque zonas (colonias) vecinas tienen calles con nombres de lagos, Popotla ostenta la nomenclatura de sus arterias viales con nombres de mares, el Arafura, el Mármara, el Rojo, el Mediterráneo, el Caspio, entre otros. No se fue a ríos ni a lagos, sino a mares. (No pudieron ser océanos porque de esos solo hay 5 en el mundo, y en Popotla hay más de esa cantidad de calles).

Entre sus pobladores hay grandes buzos, gente que ha visitado varios mares, y sin duda, con infinidad de anécdotas vinculadas al agua. Hasta aquí la referencia marítima que no es cosa menor. Ahora volvamos al tema que estábamos tratando: el de los ángeles elefánticos y las reminiscencias de su existencia y convivencia con el hombre.


PARTE 9: MEMORIA

Así como se ha descrito la experiencia de los pobladores precortesianos de Popotla, cada pueblo asimiló como pudo y quiso los dones de aquellos seres fantásticos. Incluso en otras naciones mesoamericanas alcanzadas por los olmecas vagabundos o por otros testigos de aquel prodigio, quedaron reminiscencias de estos detalles sagrados, como destaca el arco iris en el escudo oficial hondureño, en la bandera de El Salvador, y en la bella bandera del Estado brasileño de Pernambuco.

En la colección de CONACULTA en México titulada “Lenguas de México” se guardan narraciones importantes sobre el tema. El número 5 “Relatos totonacos” incluye la leyenda de “La niña arco iris”, el número 10 “Relatos tzotziles” tiene “La lluvia de agua caliente y el surgimiento del hombre actual”, y el número 18 “Relatos zapotecos” narra “El arco iris atrapado”. El primero y el último de estos textos destacan la apropiación cultural del arco iris en diferentes culturas.

Pero es importante destacar como para los testigos originales, los olmecas, el homenaje fue esculpir rostros, las siguientes culturas le dieron rostro a sus dioses de la lluvia, y las últimas culturas pasaron de la lluvia al arco iris.

Rostro – lluvia – arco iris.

Como se ve, el hombre también aplica mutaciones rituales a lo divino.


PARTE 10: LECCION SOBRE MUTACIONES

Aquí se ha relatado como es que existió un primer pacto de entendimiento amoroso entre dioses y hombres, y cómo fue que terminó.

Lo sagrado aprendió que si volvía a hacer una alianza con el hombre ésta no podría ser perpetua, que debía reinventarse y usar nuevos recursos para mantener su interés y fidelidad, como cuando nos damos una segunda oportunidad en el amor. Y viendo el gusto del hombre por las metamorfosis místicas, innovaría en este segundo intento un canal nahuálico, lleno de rituales mutaciones y biomorfosis insospechadas.
Así comenzó la aplicación del nahualismo, cambios con propósito por decisión y acción divina.

Pero entonces, ¿no hay otra forma de cambiar?

Si la hay.

Lo explica el sabio mexicano Ernesto de la Peña: “El perfil de los muertos no puede alterarse, en cambio la fisonomía de los vivos, puede llegar a sufrir tales transformaciones, que a la postre, sea irreconocible un individuo que ha decidido emprender una actitud antagónica a la que caracterizó la mayor parte de su existencia. Los vivos tienen por consiguiente la posibilidad de mutación, arrepentimiento, reflexión y, claro está, pueden cavilar en su comportamiento, en el azar que ha marcado su vida y decidir, en consideración de los resultados, y la satisfacción o arrepentimiento que provocan, dar un nuevo giro a su existencia”.

El hombre puede cambiar por obsequio divino o por voluntad propia. Uno elige.



POPOTLA Y EL VIEJO DEL AGUA

En Popotla están aun los restos del viejo árbol, ya sin ramas, del famoso Ahuehuete (del náhuatl Atl= agua, y Huehue= viejo “viejo del agua”) en que se dice lloró Hernán Cortés luego de ser derrotado por el invicto tlatoani Cuitláhuac.

La estampa del árbol del tiempo en que aun tenía más tronco, ramas y hojas, es la imagen que distingue a la estación del Metro Popotla.

El entorno actual del Ahuehuete tiene una fuente con varios chorros de agua iluminados de colores por la noche, una activa casa de cultura, y una placa que de manera breve y clara relata lo sucedido aquella noche bélica, y en cuyo texto aquí abajo transcrito, aprovecho para destacar lo que se refiere al agua en diferentes manifestaciones: lluvia, ahogamiento, lágrimas, e incluso, destacando que se colocó un 20 de febrero, fecha que para la astrología occidental, queda dentro del periodo del signo Acuario.


“PLAZA EL ARBOL DE LA NOCHE TRISTE”

El 30 de junio de 1520, mientras los mexicas sepultaban al emperador Moctezuma y asignaban a Cuitláhuac como su sucesor, Cortés preparó su salida por la Calzada de Tepeyac, al no partir de inmediato dio oportunidad a que los mexicas lanzaran un nuevo ataque.

La noche llegó nuevamente y los españoles iniciaron su retirada por el camino de Tacuba, sin embargo, la oscuridad y la lluvia los dejó indefensos, no pudieron usar sus armas.

Los mexicas se apoderaron del puente y la calzada, provocando alarma y confusión en el ejército español.
Durante la batalla muchos soldados de Cortés murieron ahogados al caer al lago, fueron arrastrados por el peso de sus armaduras y las cargas de oro y plata que transportaban. Cortés perdió en esa noche la mayor parte de su ejército, hombres, caballos y armamentos.

Triste, al ver pasar los restos de sus tropas, lloró de dolor al pie de un viejo árbol de Ahuehuete, que se hallaba en el camino, se sabía vencido por los mexicas.

“LA NOCHE VICTORIOSA”.

20 DE FEBRERO DE 2013
MIGUEL ANGEL MANCERA / VICTOR HUGO ROMO




ALGUNAS NOTAS ADICIONALES


RESPECTO A OLMECAS

PERIODO DE DURACION DE LA CULTURA OLMECA: Hay diferentes versiones. Muchas coinciden del 1,200 al 400 antes de Cristo. Dado que son la influencia inicial u origen de otras culturas "clásicas", siempre será correcto identificar a los olmecas como una cultura "preclásica". Su Jefe supremo era gobernante y sacerdote.

CANTIDAD DE CABEZAS COLOSALES HALLADAS HASTA AHORA EN ZONAS ARQUEOLOGICAS: 17 (10 en San Lorenzo, 4 en La Venta, 2 en Tres Zapotes y 1 en Rancho La Corbata). La más grande alcanza los 4 metros de altura, misma de los elefantes actuales más altos.

ZONA PRINCIPAL DE FLORECIMIENTO DE LOS OLMECAS: Al lado del Golfo de México, entre el Río Papaloapan y en Grijalva. Éste último forma un delta en su salida al Golfo que se une al Usumacinta, esa unión forma los Pantanos del Centla, que es el humedal más extenso de Norteamérica, y fue declarado Reserva de la Biósfera en 1992.
La descarga de agua de esos dos ríos, Grijalva y Usumacinta, por la cantidad de millones metros cúbicos, suman el 35% de las corrientes de México, y son la séptima a nivel mundial. En esa increíble zona acuosa se desarrollaron los olmecas, pero su influencia abarcó desde el actual Jalisco hasta la actual Costa Rica.

ZONA DE CHALCATZINGO (EDO DE MORELOS): (Chalcatzingo significa "El pequeño Chalco"). Espacio arqueológico levantado por la cultura olmeca en la que hay varios petroglifos, muchos de ellos con representación de gotas de lluvia en sus relieves. Entre otros, una de sus escenas se identifica como "Agua danzante", y otro como "El portador del agua". (espacio olmeca alejado de la costa pero con artísticas -o rituales- representaciones vinculadas al agua).

ZONA DE TLAPACOYA, (EDO DE MEXICO): (Tlapacoya significa "Donde se lava"). Espacio arqueológico donde se han hallado figurillas de alfarería del periodo preclásico de influencia olmeca. La zona se ubica al pie del Cerro del Elefante. Se llama así por tener silueta como de paquidermo. (Por cierto ese término viene del griego "paqui" grueso y "dermo" piel).
Para distinguir el Cerro del Elefante al transitar por la carretera México-Puebla, a la altura de Ixtapaluca (Edomex) se ve a la distancia sobre él, una enorme escultura de un ser alado (obra de Javier Marín) que mide 50 metros.



RESPECTO A ELEFANTES

ALFIL: del árabe al-fil "El elefante". El ajedrez occidental ha variado el nombre e imagen de la ficha originaria, que representaba elefantes por sus dos colmillos, retomando que los elefantes fueron usados en combates. La estilización de la figura y sus colmillos se transformó en un aparente gorro triangular, que después las culturas europeas católicas acomodaron como obispo.

AÑO DEL ELEFANTE: en el 570 después de Cristo, los cristianos de Yemen desearon perjudicar la Kaaba en la Meca (máximo lugar sagrado del Islam), incluso destruirla. Con 8 elefantes y un ejército se dirigieron a atacarla. El más grandioso elefante, Mahmud, iba a la vanguardia del ataque. Antes de poder hacer daño, al oido del elefante se susurraron palabras y éste se arrodilló. No fue posible hacerlo avanzar contra la Kaaba. Solo se movía para retroceder. El capítulo 105 del Corán hace una detallada referencia de este hecho histórico. Y ese año, nació el profeta del Islam, Mahoma).

BUDA: La madre de Buda, la princesa llamada Maya, fue visitada durante su sueño por un elefante blanco de seis colmillos que entró en ella por el costado derecho, y de esa unión nació él.

BANDERA DE TAILANDIA: Lo que se conocía como Siam, hoy se denomina Tailandia. Su bandera mostraba un elefante blanco sobre fondo rojo.